Bienvenidos
Bienvenido:Invitado
Los Usuarios del Foro Han posteado:33127 Mensajes
El Ultimo Usuario Registrado Fue:Hikaru Sakurai
Conectarse
Últimos temas
Mapa de la isla:
Nav Rapido x Categorias
Info
-
Instituto
-
(Este)(Ciudad Haiki
-
[Norte]Keshiki Central
-
[Sur]Capital Yume
-
Alrrededores
-
Urbanizaciones
-
User del mes
8D Problem?Temas similares
Estacion

Frio, y Mucha nieve por las noches. Abrigate
Buscar
Instalándo el laboratorio en el sótano.
Página 1 de 1. • Compartir •
Instalándo el laboratorio en el sótano.
Tras un enrevesado pasillo que partía desde conserjería, se encuentra el acceso al sótano. Este era un lugar abandonado, intransitado desde hacia mucho tiempo y olvidado entre los cimientos del edificio.
En la más lúgubre oscuridad, se abre una puerta. Aparece una figura cargada con una serie de cajas. Pronto logra alcanzar el interruptor de la luz, iluminándose una modesta bombilla antigua que colgaba del techo, revelando un anciano individuo de pelo blanco, con una única lente que resplandecía a la modesta luz amarillenta de la bombilla. Vestía una impoluta bata de laboratorio, y llevaba en brazos tres cajas de material de vidrio, como se podía suponer por el tintineo que se escuchaba al moverse mientras bajaba por el pasaje.
El Dr. Watery descendía por las escaleras del angosto pasillo que comunicaba la planta baja con el sótano. Al llegar al último escalón, se puede distinguir, parcialmente iluminada, una antesala más amplia, una red de galerías de ladrillos grisáceos y muy desgastados que se perdía en la oscuridad. Pero antes de adentrarse en estas galerías sin retorno, mucho más cercana a las escaleras de acceso, nos encontramos una doble puerta con una sobreventana rectangular en lo alto del marco, de cristal difuminado. Estas puertas tenían un par de ventanas cada una, recordando las de las universidades antiguas.
Con cierta dificultad por las voluminosas cajas, el doctor consigue girar el picaporte, de color dorado pero muy envejecido, y abre una de las puertas.
No se ve más que una oscura y espaciosa estancia donde apenas pueden distinguirse los objetos más cercanos. Dejando las cajas a un lado, acciona la palanca de una obsoleta caja eléctrica. Inmediatamente, una hilera de semiesféricas lámparas colgantes se enciende en primer lugar, dejando al descubierto un complejo abovedado de grandes dimensiones seccionado en tres partes que reposaban sobre varias columnas a lo largo del espacio. Seguidamente, otra hilera se activa metros atrás, y una tercera al fondo, donde termina un desnivel y aparece una plataforma sobre el suelo con barandillas que rodea casi por completo la estancia.

El techo era muy amplio, a pesar de las múltiples humedades que presentaba alrededor de las tuberías que cruzaban cada bóveda. La altura del lugar permitían que hubieran ventanas hacia el exterior situadas a los pies de la planta baja, del mismo cristal difuminado que abundaba en lugar, más un enrejillado metálico impidiendo una visión del exterior. Los arcos que formaban las columnas con las bóvedas, y el marco de las ventanas demostraba una arquitectura de estilo gótico muy marcada.
Bajando la vista del techo, nos encontramos un lugar bastante peculiar. Distribuidas contra las paredes y rodeando columnas, nos encontramos varias encimeras llenas de cajones y pequeños armarios, de un material ligeramente envejecido de color blanco en la superficie y de color marrón el resto del mueble, incluidos los cajones. Cruzando el interior de la estancia, una laberíntica extensión de mesas alargadas de la misma tonalidad que las anteriores. Cada una de estas, con materiales de investigación distribuidos temáticamente: en una de ellas abundaban frascos de vidrio, tubos de ensayo, matraces y probetas, que entre tubos, parecían cerrar un complejo alambique de destilación. Destacan dos matraces en concreto, sujetos mediante unas pinzas sobre una pequeña plataforma metalizada, que contenían unos llamativos fluidos de color azul y naranja. En otra de las mesas, se podían distinguir máquinas de diferente tamaño y forma, todas ellas con un aspecto algo arcaico, pero funcional. Parecían centrifugadoras, espectrofotómetros de masas, una incubadora, un microscopio binocular, y lo que podían ser microondas y hornos apilados formando una pequeña columna en el extremo de la mesa. Todos ellos muy usados, compartían espacio con frascos y notas con fórmulas algo desordenadas.
En la última de las mesas el material era más variado, o quizás de función desconocida, pero sí podemos identificar un par de monitores conectados a un viejo ordenador al que iba a parar todo el cableado de los instrumentos anteriores. También encontramos una máquina similar a la de los hospitales, un bloque con ruedecillas que contiene un electrocardiógrafo y un electroencefalógrafo, ambos computarizados también.
Igualmente distribuidas por las paredes, varias estanterías llenas de reactivos químicos y materiales similares. Entre ellas, destaca un estante con vitrina que expone varios frascos con diversos especímenes y órganos en formol. Otro similar un poco más cercano muestra variado material quirúrgico.
Entre los espacios de las paredes a la altura del nivel inferior, se pueden distinguir varios archivadores saturados de informes sobre los experimentos que realizaba varias décadas atrás, muchos de ellos completamente olvidados.
Otro elemento a destacar es un tanque metálico, rectangular y de grandes dimensiones, lleno de agua salada, capaz de albergar una persona en su interior, con una pared inclinada en la que se ubican dos macizas puertas remachadas. Tiene varios cables rodeándolo, y algunos puertos para la instalación del ECG o EEG.

Circulando por el interior, siempre se pueden encontrar una pizarra de dos caras con una plataforma con ruedas, normalmente llena de enrevesadas fórmulas. También encontramos mesas auxiliares de quirófano plateadas, a juego con una camilla móvil para cuerpos que de vez en cuando se puede ver aparcada en una esquina.
Al fondo de la estancia, a una altura superior que el resto del recinto, se ubica un modesto despacho con paredes de oficina antigua, donde termina la elevada plataforma con barandillas que delimita el espacio de trabajo. Aquí hay poco más que un imponente escritorio con múltiples cajones, varias estanterías y archivadores, y un cómodo aunque polvoriento sofá donde, en las madrugadas con más trabajo, se queda durmiendo el profesor.
Una vez la escena está completamente iluminada, recoge las cajas que llevaba y las deposita sin demasiado orden en una de las mesas.
-Uff…- Deja escapar un suspiro algo exhausto para añadir: -Con esto ya va siendo hora de empezar.-
En la más lúgubre oscuridad, se abre una puerta. Aparece una figura cargada con una serie de cajas. Pronto logra alcanzar el interruptor de la luz, iluminándose una modesta bombilla antigua que colgaba del techo, revelando un anciano individuo de pelo blanco, con una única lente que resplandecía a la modesta luz amarillenta de la bombilla. Vestía una impoluta bata de laboratorio, y llevaba en brazos tres cajas de material de vidrio, como se podía suponer por el tintineo que se escuchaba al moverse mientras bajaba por el pasaje.
El Dr. Watery descendía por las escaleras del angosto pasillo que comunicaba la planta baja con el sótano. Al llegar al último escalón, se puede distinguir, parcialmente iluminada, una antesala más amplia, una red de galerías de ladrillos grisáceos y muy desgastados que se perdía en la oscuridad. Pero antes de adentrarse en estas galerías sin retorno, mucho más cercana a las escaleras de acceso, nos encontramos una doble puerta con una sobreventana rectangular en lo alto del marco, de cristal difuminado. Estas puertas tenían un par de ventanas cada una, recordando las de las universidades antiguas.
Con cierta dificultad por las voluminosas cajas, el doctor consigue girar el picaporte, de color dorado pero muy envejecido, y abre una de las puertas.
No se ve más que una oscura y espaciosa estancia donde apenas pueden distinguirse los objetos más cercanos. Dejando las cajas a un lado, acciona la palanca de una obsoleta caja eléctrica. Inmediatamente, una hilera de semiesféricas lámparas colgantes se enciende en primer lugar, dejando al descubierto un complejo abovedado de grandes dimensiones seccionado en tres partes que reposaban sobre varias columnas a lo largo del espacio. Seguidamente, otra hilera se activa metros atrás, y una tercera al fondo, donde termina un desnivel y aparece una plataforma sobre el suelo con barandillas que rodea casi por completo la estancia.

El techo era muy amplio, a pesar de las múltiples humedades que presentaba alrededor de las tuberías que cruzaban cada bóveda. La altura del lugar permitían que hubieran ventanas hacia el exterior situadas a los pies de la planta baja, del mismo cristal difuminado que abundaba en lugar, más un enrejillado metálico impidiendo una visión del exterior. Los arcos que formaban las columnas con las bóvedas, y el marco de las ventanas demostraba una arquitectura de estilo gótico muy marcada.
Bajando la vista del techo, nos encontramos un lugar bastante peculiar. Distribuidas contra las paredes y rodeando columnas, nos encontramos varias encimeras llenas de cajones y pequeños armarios, de un material ligeramente envejecido de color blanco en la superficie y de color marrón el resto del mueble, incluidos los cajones. Cruzando el interior de la estancia, una laberíntica extensión de mesas alargadas de la misma tonalidad que las anteriores. Cada una de estas, con materiales de investigación distribuidos temáticamente: en una de ellas abundaban frascos de vidrio, tubos de ensayo, matraces y probetas, que entre tubos, parecían cerrar un complejo alambique de destilación. Destacan dos matraces en concreto, sujetos mediante unas pinzas sobre una pequeña plataforma metalizada, que contenían unos llamativos fluidos de color azul y naranja. En otra de las mesas, se podían distinguir máquinas de diferente tamaño y forma, todas ellas con un aspecto algo arcaico, pero funcional. Parecían centrifugadoras, espectrofotómetros de masas, una incubadora, un microscopio binocular, y lo que podían ser microondas y hornos apilados formando una pequeña columna en el extremo de la mesa. Todos ellos muy usados, compartían espacio con frascos y notas con fórmulas algo desordenadas.
En la última de las mesas el material era más variado, o quizás de función desconocida, pero sí podemos identificar un par de monitores conectados a un viejo ordenador al que iba a parar todo el cableado de los instrumentos anteriores. También encontramos una máquina similar a la de los hospitales, un bloque con ruedecillas que contiene un electrocardiógrafo y un electroencefalógrafo, ambos computarizados también.
Igualmente distribuidas por las paredes, varias estanterías llenas de reactivos químicos y materiales similares. Entre ellas, destaca un estante con vitrina que expone varios frascos con diversos especímenes y órganos en formol. Otro similar un poco más cercano muestra variado material quirúrgico.
Entre los espacios de las paredes a la altura del nivel inferior, se pueden distinguir varios archivadores saturados de informes sobre los experimentos que realizaba varias décadas atrás, muchos de ellos completamente olvidados.
Otro elemento a destacar es un tanque metálico, rectangular y de grandes dimensiones, lleno de agua salada, capaz de albergar una persona en su interior, con una pared inclinada en la que se ubican dos macizas puertas remachadas. Tiene varios cables rodeándolo, y algunos puertos para la instalación del ECG o EEG.

Circulando por el interior, siempre se pueden encontrar una pizarra de dos caras con una plataforma con ruedas, normalmente llena de enrevesadas fórmulas. También encontramos mesas auxiliares de quirófano plateadas, a juego con una camilla móvil para cuerpos que de vez en cuando se puede ver aparcada en una esquina.
Al fondo de la estancia, a una altura superior que el resto del recinto, se ubica un modesto despacho con paredes de oficina antigua, donde termina la elevada plataforma con barandillas que delimita el espacio de trabajo. Aquí hay poco más que un imponente escritorio con múltiples cajones, varias estanterías y archivadores, y un cómodo aunque polvoriento sofá donde, en las madrugadas con más trabajo, se queda durmiendo el profesor.
Una vez la escena está completamente iluminada, recoge las cajas que llevaba y las deposita sin demasiado orden en una de las mesas.
-Uff…- Deja escapar un suspiro algo exhausto para añadir: -Con esto ya va siendo hora de empezar.-

Herbest Watery- Basallo - Nivel Sencillo - Humano

- Cantidad de envíos: 7
Fecha de inscripción: 07/10/2011
Temas similares» Descripción: Sótano
» Una pantera en el sótano - Amos Oz
» Laboratorio de armas misticas
» Laboratorio de Química
» Laboratorio de ciencias
» Una pantera en el sótano - Amos Oz
» Laboratorio de armas misticas
» Laboratorio de Química
» Laboratorio de ciencias
Página 1 de 1.
Permiso de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.






» Wanna... 83 PARTY!
» Atardecer de domingo [Priv. Saadi O]
» Pasando el tiempo, contemplando la cultura...
» Bajo aquel arbol de Sakura~
» CENSO ESPECIAL
» La oscuridad de la noche....[Libre]
» Un festival japonés!!
» Un dia en la Biblioteca